
Allí paraba también el loco Titi, colectivero de la Línea 110, que llevaba a los pasajeros hasta su casa, en Páez y Bolivia, para ver “cómo está la vieja, es un cachito, ché, ya vengo! Y al que le rompa, que se las pique de a pié, ¡qué joder!”…y los pasajeros, con toda la paciencia, lo esperaban…-El famoso Titi, un día vino al Oriente, y nos dijo: “ ¡muchachos, me levanté una mina, que me paré para toda la cosecha!....” La mina, a los pocos días tuvo las llaves del departamento de Titi, a cuya madre acompañaba cuando él estaba “de larga”, como dicen los del gremio.-Ël, emocionado, nos decía “¡aprendan a elegir a la chabona, gorutas, que para este varón, la jermu tiene que ser posta!..”. Al poco tiempo, la mina posta se sintió celosa, “porque Titi miraba a todas las mujeres que subian al colectivo”, y se lo gritaba a la madre de Titi que estaba paralítica, y luego rompía el espejito que llevaba en la cartera, y se cortaba las venas de las muñecas delante de la madre de su novio. Los amigos, íbamos corriendo al Hospital Älvarez, y entonces, la ambulancia de la Asistencia Pública, portaba a la vieja y a la novia. Una, con una crisis hipertensiva, y la otra, para suturarle las muñecas…
Nuestro querido Titi, el que “se había parado para toda la cosecha”, terminó arruinado, hecho un croto, y lo rajaron de la línea 110. La última vez que lo ví, le faltaban casi todos los dientes, y estaba esperando el tranvía 83 hacia Flores, con un pequeño ramito para la vieja…
Los amigos, ya viejos, lo seguimos esperando en el Café El Oriente… que ya no está más en aquella esquina.