Y anduvimos el sendero
tranco a tranco sin apuro
como este mundo tan duro
a los golpes, vuelta y vuelta.
Hablamos de la familia,
de los amigos, del mate,
de las tristezas, las farras,
de mujeres, de guitarras,
de calandrias y de horneros...
y de bretes tan fuleros,
que nos dejan como mandrias...
Del trabajo, el palomo Rudy
conquistador de palomas...
después se vino un silencio,
entre llanos y unas lomas
y decidimos un alto...
pa' tomar unos matienzos.
Mientras los pingos verdeaban
y canturreaba un jilguero
nuestras dos bocas cerradas
evocaban entreveros...
pa' comentar con amigos...
y de esos con cicatrices
que no dejan de sangrar,
no se pueden olvidar
y al macho lo descascaran...
con el silencio se tragan,
que es el modo de aguantar...
Cuando quisimo acordar
ya estábamos en las casas
y la familia criollaza
nos daba la bienvenida,
con asado a la medida
allá en lo del oriental...
Pasamos dos días juntos
chamuyando de pavadas...
lo importante, las miradas
ya lo comentaban todo...
Son códigos del ayer
con entrecejo fruncido
y sonrisa compungido
ya está lo que hay que saber...
Y dispués la despedida...
de amigos que están a un paso
porque de un tijeretazo tu vida
te hará aprender a aceptar
y no querer cuando
ya no hay más rimedio...
yo creo de medio a medio
que Juan es como mi hermano,
pero mis tripas me dicen
que hablaremos cada tanto...
lástima que estoy bichoco
y no sé qué tanto aguanto.
En el coche de un amigo
me llevó hasta el aeropuerto
porque yo quise volar...
para casa de regreso,
y fingíamos reirnos
en la mesa de aquel bar,
y yo lo estudiaba a Juan
que miraba de reojo...
hasta que nos despedimos
con los puños apretados
y mudos nos separamos
como dos criollos sotretas...
Yo pegué el último envión
levantando mi valija
y lo divisé al Botija
saliendo por la otra puerta...
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver...
¡era la voz de Gardel!
Y acomodé mi respaldo
disimulando mi llanto
como un criollo de ley!